En Los diarios de Emilio Renzi, Piglia -quien insiste mucho en la idea de contar su vida en tercera persona- recurre (a los 26 años) a la metáfora del espejo, de los anteojos, la idea de verse de repente enfrentado a sí mismo.
Ese temor de hace años, doblar la esquina, mirarse al espejo y encontrarse con uno mismo pero otro o, peor, abrir la puerta del baño, mirarse al espejo y no encontrar a nadie, me parece ahora una buena opción, al menos interesante, para bajarse los humos, para recordar que vemos el mundo por una rendija.