Qué tal si nunca más me siente a escribir (una novela un relato un libro de poesía) y solo me quede esta escritura espontánea, entregada a lo que se avecina. Esta escritura impostergable como remedio ante los discursos opresivos, las responsabilidades y el cansancio que produce el horror cotidiano. Qué tal si nunca más y qué tal si pudiera seguir viviendo como todos, como cualquiera hasta el día de su muerte. ¿Sería eso tan malo? Qué sé yo, pero sí sé que no sería deseable o gozoso. La alegría está en la otra escritura, esa que se parece a la inconsciencia y el vacío.